La propuesta para la lectura de junio y julio de Lecturas junto al fuego (más información en el enlace anterior) ha sido El traje del muerto, de Joe Hill. El motivo, que julio se celebra tanto el Día del Perro (el día 21) como el Día del Perro Callejero (el día 27) y que en el libro hay dos perros con un papel importante en la trama. El traje del muerto es la primera novela publicada por Joe Hill y con ella ganó el Premio Bram Stoker a la Mejor Primera Novela en 2007 y el Premio Locus a la Mejor Primera Novela en 2008.
Argumento
Judas Coyne es un viejo rockero retirado que pasa los días en su granja sin mucho que hacer. Su principal afición es coleccionar objetos macabros, por lo que, cuando su ayudante le dice que se subasta el traje de un muerto que va con fantasma incluido, Judas no lo duda y le pide que lo compre. El traje llega y, efectivamente, lo hace con espíritu incluido, tal y como prometía la venta. Coyne nunca ha creído en fantasmas, pero lo hará.
La novela es de 2007 y, puesto que en 2003 se subastó la famosa caja dibbuk en eBay, creo que el autor pudo haberse inspirado en este hecho para crear la obra, aunque no he podido confirmarlo.
Tensión, perros y horror mundano
El traje del muerto es una buena novela de terror, con mucha tensión, desde el inicio hasta el final, que no decae en ningún momento gracias a los numerosos recursos del autor. Esto me ha parecido lo mejor del libro. Lo peor, en cambio, es el final, demasiado forzado y dulzón para la historia; y que la parte musical, así como la sobrenatural canina, podrían haber destacado más.
Hay lectores que argumentan que se trata de una historia muy previsible, pero no comparto del todo esa opinión. Sí es cierto que Hill usa muchos de los clichés del subgénero de terror espectral, pero ni yo ni ninguna de mis compañeras de lectura ―este libro lo he disfrutado en una lectura conjunta con Margari y Nitocris― vimos venir los giros más interesantes.
En cuanto a los personajes, a pesar de ser consciente de que Joe Hill nos los presenta rotos y por ello grises, ni buenos ni malos, solamente humanos, no he podido empatizar del todo con ellos. Me daba igual que sobrevivieran, sobre todo Jude, el protagonista, cuyos actos han logrado que me resultara insufrible por mucho que quisiera tener en cuenta la dura infancia que había vivido. Los secundarios de la historia, tanto la exnovia de Jude llamada Anna, como los dos perros del protagonista, Angus y Bone, son mucho más adorables.

Angus y Bon son, además, lo que más me ha gustado de la historia. En el libro, a los perros se los presenta como guardianes y protectores, animales capaces de ver al otro lado e incluso de cruzar hasta él para proteger a aquellos a quienes aman. El traje del muerto es un canto a la lealtad inquebrantable y el instinto sobrenatural de nuestros compañeros caninos.
En cuanto al terror sobrenatural que se maneja, este es menos desagradable que los hechos pasados que vivieron los personajes. Hill denuncia en la novela el abuso y la violencia proveniente del círculo más cercano que sufren a diario miles de niños. Este horror es más brutal que cualquier maldición espectral y es, en realidad, el que alimenta el libro.
Por esto, resulta aún más hermosa la dedicatoria de Joe Hill a su padre: A mi padre, uno de los buenos. Al leerla al principio creía que se refería a «uno de los grandes escritores», al acabar el libro me di cuenta de que las palabras iban más allá.
¿Lo recomendaría?
Sí. Es una novela adictiva a la que es fácil perdonar algún aspecto que chirría un poco y con la que Joe Hill dejó claro que no solo es hijo de Stephen King, es un escritor con talento propio.
Nota: Una causalidad: es mi segunda lectura seguida, tras Alguien en quien anidar, en que la familia (incluyendo a los progenitores) son una maldición.


